No soy abogado; soy comunicador. Y, por ello, pido disculpas extendidas a los profesionales de esta carrera por realizar un razonamiento que, lo admito, puede resultar poco estricto para la complejidad de los casos políticos que paso a mencionar. Hablaré desde mi perspectiva en gestión de crisis.
Alejandro Toledo mintió acerca de los recursos que utilizó para crear Ecoteva, involucró innecesariamente a su suegra, y hoy enfrenta una acusación por lavado de activos, tráfico de influencia y colusión agravada. Adicionalmente, está acusado por recibir un soborno de US$ 20 millones de Odebrecht. Sobre él pesa una orden de captura y se encuentra en calidad de prófugo de la justicia.
Nadine Heredia mintió acerca de los apuntes que realizó en sus agendas y fue a la cárcel. También es investigada por el delito de lavado de activos agravado, luego de descubrirse que recibió recursos de Venezuela y Odebrecht para la campaña presidencial del 2011. Su esposo, el ex presidente Ollanta Humala, también es acusado de recibir dinero ilícito para la misma campaña. Ambos pasaron 274 días en prisión. Salieron libres, pero el juicio continúa.
En juicios y denuncias
El juez César Hinostroza enfrenta una denuncia constitucional. Fugó del país cuando tenía impedimento de salida y hoy está preso en Madrid a la espera de ser extraditado. Entre otros delitos, es acusado de ser el cabecilla de la organización criminal “Los Cuellos Blancos del Puerto”.
Keiko Fujimori es acusada de recibir dinero ilícito de Odebrecht para la campaña electoral del 2011 y está detenida.
Edwin Oviedo, quien también está preso, enfrenta serias acusaciones por los delitos de asociación ilícita para delinquir y homicidio calificado por su vinculo con la red criminal los Wachiturros de Tumán y por el caso “los Cuellos Blancos del Puerto”.
Hay más casos para mencionar, pero culminemos con menciones a dos ex presidentes: Alan García y Pedro Pablo Kuczynski. Si bien no están presos, tienen impedimento de salida y son investigados por recibir dinero ilícito para sus campañas electorales del 2006 y 2011, respectivamente.
Todos estos casos son diferentes, pero sus protagonistas comparten varias cosas en común, como asegurar que son inocentes; alegar persecución política; quejarse de que los juicios afectan su buena honra; declararse víctimas y, sobre todo, negar cualquier participación en los hechos imputados.
Pero, ¿se trata realmente de un acoso político?¿Cómo es que cada uno de ellos terminó en los tribunales?¿No será que, detrás de cada declaratoria de defensa, se esconde una estrategia legal que, partiendo por negar todo cargo imputado, pretende desconocer algún tipo de aceptación de que algo hizo mal?
Si algo he comprobado en los últimos años, en gestión de crisis, es que uno de los principales obstáculos que enfrenta cualquier comité de gestión de crisis, en los momentos más críticos del proceso, es la opinión del abogado respecto a cómo salir de ella. Las discusiones pueden ser interminables, por ejemplo, al momento de aceptar la culpabilidad de la entidad (o de la persona) y al momento de definir la estrategia de defensa. La visión de los abogados y los comunicadores es distinta al momento de abordar la gestión de crisis: sus miradas difieren notablemente y, a veces, son irreconciliables.
Abogado y comunicador
El abogado litiga; el comunicador, convence. El abogado quiere ganar de todas maneras; el comunicador busca conciliar. Además, el abogado, acusa; el comunicador escucha, sugiere aceptar la culpa, pedir disculpas y recuperar reputación. El abogado dirige sus esfuerzos a evitar impactos legales negativos (sanción, multa, penas, retiros de licencia, cierres temporales, etc.), el comunicador apela a evitar el daño reputacional de la marca, de la empresa y a mantener su sostenibilidad. Mientras que el abogado sugiere una solución basado solo en la ley; el comunicador lo hace tomando en cuenta las percepciones y hasta las emociones. El comunicador considera la gestión de crisis ante la imagen externa e interna.
Por cierto, no es culpa del abogado actuar de esta manera, pues él ha sido formado para litigar, para abogar. Pero muchas de las crisis se resuelven, claro, con una buena estrategia legal, pero también con sentido común. Puedes tener derecho a algo, pero no necesariamente tienes la razón. Por lo demás, cualquier estrategia legal tiene que estar basada en la ética y la verdad.
La verdad es indispensable para avanzar en la solución de cualquier crisis. Si se pierde la credibilidad, la causa está perdida. Si un abogado analiza la coyuntura y observa que su defendido tiene poca credibilidad, ¿es una buena estrategia recomendarle que afirme que nada lo une al acto delictivo en investigación?.
El ex presidente Alan García nos aseguró que “era un orgullo estar en el Perú” y, sin embargo, cuatro días después cruzaba la puerta de la embajada de Uruguay.
Si Chávarry hubiera aceptado algún nivel de responsabilidad en los hechos que se le acusan y hubiera renunciado hace seis meses, quizás hoy no enfrentaría la probabilidad de ir preso.
¿Por qué Jorge Yoshiyama Sasaki, sobrino de Jaime Yoshimya, no está detenido? ¿Será que decidió aceptar que había realizado algo incorrecto y, gracias a ello, pasó la Navidad en su casa y enfrentando el juicio libre?
La cárcel será siempre una buena opción, cuando no se dice la verdad.