Luego de arribar finalmente al título de este artículo – y llevado por una imprevista y extraña motivación – decidí compartirlo con un par de amigos para conocer sus reacciones.
El resultado de mi breve encuesta de validación fue sorprendente, pues ambos quedaron sorprendidos y extrañados: ¿Cómo es posible pensar que pueda existir algún tipo de relación entre la felicidad y el trabajo? “No vamos a ser felices en el trabajo”, me dijeron. Como tuve la impresión de que mis amigos no disfrutan de sus centros laborales, decidí entonces agregar un jajá al título final.
De hecho, no existe mucha literatura a la mano que trate sobre la felicidad en el centro laboral y, por ello, temo que libros como la Felicidad en el Trabajo y en la Vida y La hora Feliz es de 9 a 5 son más bien textos de autoayuda en lugar de libros académicos que aborden el asunto de la felicidad en el trabajo.
Pero, ¿cuán feliz se puede estar en un centro laboral? ¿Es posible tener un indicador que podamos usar como elemento de medición? ¿Debemos acaso tener un líder o gerente de la felicidad?
Los daneses suelen ser los empleados más felices de la tierra. ¿Será porque dejan la oficina a una hora razonable, gozan de entre cinco y seis semanas de vacaciones al año y hasta un año de permiso por maternidad y paternidad? Los mexicanos, por el contrario, son los más infelices en sus empleos, según un estudio global de Gallup que encontró que solo el 12% de trabajadores se encuentra feliz en su trabajo actual. ¿Qué distingue a Dinamarca de México?
La felicidad plena es imposible. Borges solía decir: “Por si no lo saben, la vida está hecha sólo de momentos”. Por lo tanto, la felicidad se puede hallar justamente en esos pequeños momentos. En el plano laboral, el reto quizás sea encontrar cuáles son aquellos “momentos laborales” que pueden aportar al mejor desempeño individual y a una mayor productividad. Tres recomendaciones sencillas pueden ayudar en esa dirección.
Desarrollo profesional.- A los trabajadores siempre se les pide resultados; pocas veces, sin embargo, se presta atención a las aspiraciones para alcanzar un mejor desarrollo profesional que les permita cumplir con los objetivos encargados. Hoy, los trabajadores buscan empresas que brinden desarrollo, actualización y oportunidades de crecimiento. Cuando no encuentran estos incentivos, trabajan insatisfechos, disminuyen su productividad y están dispuestos a cambiar rápidamente de empleo. Las nuevas generaciones, ya se sabe, no están tan interesadas en un buen salario económico, cuanto en aquello que se conoce como el salario emocional; es decir aquellas remuneraciones no económicas que tienen que ver con su desarrollo personal y profesional.
Flexibilidad.- Las leyes laborales no están talladas en piedras. Ellas existen y hay que cumplirlas, pero hay que ser lo suficientemente flexibles e imaginativos para ajustarlas a la realidad de las propias empresas y a la sociedad. El tráfico que padecemos a diario se ha convertido en el principal enemigo de aquello que se pregona como el equilibrio entre la vida personal y laboral. Sin embargo, las organizaciones se resisten a establecer horarios flexibles de ingresos y salidas. ¿No es una alternativa ingeniosa para permitir que sus trabajadores disfruten mejor de sus familias en lugar de andar atrapados entre combis y semáforos?
Reconocimiento.- A los jefes les cuesta (o no saben) agradecer y reconocer las buenas acciones de sus equipos. Más sencillo es llamarles la atención por algún error cometido. No obstante, está demostrado que el reconocimiento es la mejor motivación que puede tener un trabajador para reforzar su autoestima y alcanzar sus compromisos y, así, lograr una mejor identificación con su empresa y vínculos que lo lleven a permanecer en ella. En su libro “Ejecutivo al minuto”, K. Blanchard y S. Johnson nos recuerdan que estrechar la mano de la persona o unas palmadas en la espalda pueden reforzar y dejar en claro que la gerencia apoya el éxito del trabajador en la organización. Recuerde: El reconocimiento al esfuerzo es gratis y aporta mucha satisfacción y gozo laboral.
Aquellas empresas que ejecutan programas de Responsabilidad Social tienen mejores posibilidades de interesarse por un mejor ambiente laboral y el bienestar de sus colaboradores. Mostrar empatía por las opiniones, preocupaciones, prioridades y temores, por aquellos pequeños detalles del trabajo diario y los momentos hacen la diferencia. La empatía puede ser un camino a la felicidad.