Todas las organizaciones, en algún momento de su historia, pasarán por la penosa experiencia de tener que desvincularse de algunos de sus trabajadores. Las razones pueden ser distintas: crítica situación financiera, reorganización interna, insuficientes ventas, búsqueda de eficiencia o sencillamente necesidad de cambiar para enfrentar el mercado.

Sin importar el motivo, la cuestión de fondo es cómo los directivos de estas empresas llevan cabo este difícil proceso, respetando a las personas que cobijaron y cuidaron durante un buen tiempo.

La Responsabilidad Social (RS) se basa en la transparencia. Por lo tanto, un principio esencial que debe asumirse es explicar honestamente la razón de la salida. Ocurre, lamentablemente, que las compañías suelen emplear artimañas para esconder la real causa de un despido. Al no ser transparentes, ocultan la verdad, enredan los mensajes y hacen imposible una comunicación franca y transparente, con lo cual el proceso de desvinculación se vuelve complicado y ocasiona daños al ex colaborador y también a la imagen corporativa.

El caso Coca-Cola en España

Un ejemplo de esto lo resume la actual crisis de reputación y credibilidad por la que atraviesa Coca Cola en España. En enero pasado, su principal embotelladora, Iberian Partners, anunció el despido de 750 trabajadores y la recolocación de otros 500 a otras operaciones, además de cerrar cuatro de sus 11 plantas. Una cifra, sin duda, de gran impacto para una economía que atraviesa por una severa crisis y mantiene altos índices de desempleo. Un anuncio inapropiado, por lo demás, cuando la empresa acababa de celebrar 50 años en el mercado español.

¿Qué está apagando la chispa de la vida?

Primero, la decisión tomada va en contra de su filosofía y estrategia de publicidad mundial basada en la felicidad, en la alegría. La chispa de la vida se ha convertido en la chispa del desencanto y la desesperación para los trabajadores despedidos; un estado de ánimo que es compartido por miles de consumidores que hasta hace poco mantenían excelentes vínculos emocionales con la marca y hoy encuentran una fuerte contradicción entre lo que dice la transnacional y lo que ocurre en la realidad. El boicot al que han llamado para dejar de tomar la bebida ya ha ocasionado una disminución en 40% de las ventas de Coca Cola en Madrid.

Segundo, la sociedad española no cree cuando la embotelladora dice que la decisión responde “a los objetivos estratégicos de su negocio”; es decir, a una reorganización para mejorar sus cifras. La realidad es que la planta que cerraron generaba utilidades. Los críticos apuntan más bien a un procedimiento de ingeniería fiscal para eludir impuestos en España. En concreto, señalan que quiere aprovechar la crisis para reducir personal, bajar costos laborales y cerrar algunas fábricas.

Tercero, Coca Cola no supo gestionar eficientemente la comunicación para anunciar el recorte de empleo. No estuvo preparada para enfrentar las críticas a los valores que predica: “las personas son siempre lo más importante”. De hecho, resulta sorprendente que cuando estalló la crisis, la embotelladora no contaba con un Director de Comunicaciones que liderara la estrategia.

Es cierto que resulta muy difícil que una sociedad acepte, entienda y perdone que una organización lleve a cabo un proceso de reorganización de esta magnitud, aun cuando las leyes lo permiten. Por ello, debe tener planes y protocolos de desvinculación laboral que sean congruentes con su política de responsabilidad social y manejo de sus recursos humanos.

Por lo demás, el vínculo con un ex colaborador no termina cuando éste recibe su cheque de compensación; por el contrario, comienza uno más largo en el cual él puede convertirse en un aliado importante para la empresa o en su peor crítico si afectaron sus derechos como trabajador y persona.

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