Cuando las distintas iniciativas de incluir a mujeres profesionales en los directorios es una tendencia que ya no tiene marcha atrás.

Algo se está moviendo en las mesas de los directorios empresariales. En Alemania, la Cámara Baja de su Parlamento acaba de aprobar una ley que establece una cuota femenina de 30% en los consejos de dirección (directorios) de las grandes empresas alemanas que cotizan en la Bolsa de Valores. Al parecer, la canciller Angela Merkel se cansó de esperar que las empresas dieran el primer paso y aumentasen el número de mujeres en dichos consejos (el porcentaje era de 15%). Su falta de paciencia se convirtió en una ley de cuotas.

En Noruega, una ley aprobada en el 2003 ordenó el 40% de representación femenina en las sociedades anónimas para este año. En el 2011, el Gobierno británico estableció, también para el 2015, que las mujeres deberían ocupar un cuarto de las posiciones en los directorios de todas las empresas del índice FTSE 100.

En España, la cuota llegó este año a 17,32%, y como aún se encuentra por debajo del promedio europeo, que es de del 20,2%, se discute actualmente elevarla al 20%, una cifra que tendrá que crecer significativamente para llegar al 40%, que es la cuota comprometida por la Unión Europea para el 2020.

Se trata de un gran avance desde que, en el 2012, un estudio de EY demostrara que las mujeres ocupaban solo el 14% de los asientos en el directorio de empresas del Índice 500 de Standard & Poors.

¿Y cómo andamos por casa?
Pues partiendo de abajo, pero bien encaminados. Para empezar, el 25 de setiembre del año pasado, un grupo de congresistas aprobó un proyecto de ley que establece que los directorios de las empresas que cotizan en la BVL deben tener una presencia de género femenino no menor de 10%, o una persona de dicho género como mínimo, en sus directorios. El objetivo –dice el proyecto– es “eliminar la falta de representación de género equilibrada y garantizar con ello… el ejercicio pleno de sus derechos a la igualdad, dignidad, libre desarrollo y bienestar, impidiendo la discriminación y propendiendo la equidad”.

Personalmente, no creo en las cuotas porque considero más importante que exista un número suficiente de mujeres bien calificadas que puedan ser elegidas para esos puestos. Pero, claro, si esperamos que las empresas tomen la iniciativa y vayan a tono con los tiempos, posiblemente terminemos tan decepcionados como la Sra. Merkel. Y estamos bien encaminados porque las mujeres, por su conocimiento, experiencia y grado de desarrollo personal y profesional, ya ocupan importantes cargos gerenciales en varias organizaciones peruanas, públicas y privadas. Y se ganaron ese derecho sin necesidad de una ley de cuotas; simplemente se prepararon para asumir posiciones de liderazgo que, tradicionalmente, están en manos de los caballeros. Brillaron con luz propia. Pero, si bien el crecimiento hacia más arriba parece algo natural, tendrán aún que romper barreras tradicionales y ese “techo de cristal” del que habla la Comisión Europea: aquella barrera invisible resultante de un complejo entramado en organizaciones dominadas por varones.

Y también sesgos machistas, como que ellas no están dispuestas a viajar; que no suelen trabajar hasta tarde; que les importa más el balance trabajo-vida familiar; que no están preparadas para enfrentar negociaciones complicadas; o que no hay suficientes mujeres capacitadas para ser incluidas en los directorios. Finalmente, tendrán que lidiar con culturas corporativas que rechazan el liderazgo femenino.

Por ello, resulta elemental que las empresas responsables fomenten la igualdad de oportunidades, el desarrollo profesional sin distinción de género y las remuneraciones justas. Políticas explícitas de RR.HH., códigos de conducta, protocolos y sistemas deben velar por un tratamiento equitativo y permitir que hombres y mujeres crezcan profesionalmente con la organización. Se trata de un deber ético, de una forma de actuar voluntaria, sin presión de una ley o un mandato.
Las empresas que desarrollen políticas de diversidad e inclusión de género, sin duda, tendrán una mejor reputación en el mercado, serán más atractivas y mejor apreciadas. La buena noticia es que se trata de una tendencia que no tiene marcha atrás, que nos permitirá ver más rostros de mujeres en las mesas de los directorios.

Como decía Víctor Hugo, “no existe en el mundo nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”.

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