Ejecutivos peruanos que desean iniciarse en el camino de la Responsabilidad Social (RS) suelen hacerme las siguientes preguntas: ¿Cómo empiezo? ¿Cuándo debo hacerlo? ¿Cuáles deben son los primeros pasos? ¿Nos va a costar mucho?

Sus preguntas son válidas porque reflejan poca experiencia en el tema y porque desean situarse cómodamente en el punto de partida. Además, porque son conscientes de que la travesía no siempre resultar sencilla.

Pero no hay porque estresarse tanto, suelo tranquilizarlos. En verdad, hay que mirar el tema como un reto más para la empresa. Dicho esto, les lanzo de inmediato el siguiente ejercicio: Imagine cómo desea ver a su empresa en los próximos 20 ó 25 años.

¿Cuáles son aquellas fortalezas por las cuáles debería ser reconocida? ¿Qué valores está dispuesto a compartir con la sociedad? ¿Qué prácticas o conductas son aquellas que representan un gancho importante para aquellos que puedan interesarse en su organización? ¿Apostaría por tener una relación transparente con sus grupos de interés? En otras palabras, ¡Imagine la RS que desea para su organización!

De hecho, responder estas interrogantes puede ayudar a plantear estrategias claras que permitan familiarizarse con el tema y luego elaborar un plan estratégico de RS. Siempre es recomendable realizar un diagnóstico del estado actual de la RS: examinar, por ejemplo, cómo están sus prácticas laborales; el compromiso con el medio ambiente; la misión y visión de la empresa; las políticas hacia clientes o consumidores y el método de relacionamiento con la población de su entorno, entre otros aspectos.

Involucre e informe a todo el personal del inicio de esta práctica a través de una campaña de comunicación interna. Es posible que descubra a un grupo de colaboradores que están dispuestos a apoyar una causa de RS.

Ahora que ya hizo este ejercicio, llegó el momento de elaborar el plan, estableciendo estrategias y actividades, además de incluir un presupuesto. Pero, cuidado, la RS no es un tema de recursos, sino de compromiso consciente y voluntad, pues siempre se podrán priorizar actividades. La parte más difícil, quizás, sea convencer a sus accionistas de tener a la RS como un sistema de gestión interno y de los beneficios que ello traerá en el futuro. Al final, estamos hablando de un mejor valor económico, social y ambiental para la empresa y una mayor reputación ante la opinión pública y los grupos de interés.

La RS no es sólo imaginación, sino esencialmente práctica empresarial.

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