¿Puede la comunicación aportar a la gestión de esta crisis política severa por la cual atravesamos?
Por supuesto que sí. La comunicación puede -y debe- convertirse en una herramienta fundamental para gestionar la crisis, adecuadamente.
Esto incluye analizar, con detenimiento y mucha anticipación, el probable impacto (positivo o negativo) que pueden tener los mensajes emitidos públicamente. La evaluación previa es fundamental por parte de la presidenta Dina Boluarte, y sus ministros voceros .
A estas alturas, ya sabemos que la presidenta pudo ser más clara al momento de afirmar su permanencia en el cargo. ¿Fue conveniente anunciar que se quedaba hasta el 2026?
En general, durante una crisis, hay mucha confusión, incertidumbre , pérdida de control y pánico, todo lo cual afecta, sin duda, una comunicación gubernamental adecuada, sobre todo si ésta es de emergencia.
Por ello, resulta importante planificar el proceso de comunicación en crisis: qué decir, quién lo dice, cómo, a qué hora y porque canales. El objetivo principal debe ser cerrar por completo las brechas de comunicación y la posibilidad de que los mensajes equivocados se conviertan, por el contrario, en narrativas equivocadas o mal entendidas, o que el silencio sea ocupado por rumores o fakenews . No dejar espacio al vacío de la información es una tarea fundamental.
Las autoridades del gobierno deben hacerse cargo de la comunicación y gestionarla con transparencia para generar confianza (hoy ausente). No menos importante es tener voceros creíbles y con sentido de la realidad que lean adecuadamente el origen de esta crisis. Cualquier opinión poco realista, alejada del entendimiento de ésta, sólo provocará más reacciones negativas y menos confianza, como lamentablemente está ocurriendo.
Además de las acciones políticas que emprenda el gobierno, se requiere de una comunicación planificada, oportuna, coherente, y, sobre todo, muy empática para los momentos que vivimos.
Una tragedia que esta crisis haya originado muertes y muchos heridos.