Imagine por un momento al presidente de su empresa declarando, públicamente, que apoya el proyecto de ley sobre la unión civil entre personas del mismo sexo.
¿Cómo reaccionaría Usted? ¿Cuál sería la opinión del resto de su equipo? ¿Podrían protestar los principales clientes o proveedores de la empresa? ¿Qué pasa si las declaraciones del líder son contrarias a las que Ud. tiene sobre este tema? ¿Las aceptaría? Incluso, si ambos coinciden en el apoyo, ¿estaría bien que él manifieste abiertamente su opinión? ¿Su declaración impactaría sobre la reputación de la empresa?
Sin duda, son demasiadas interrogantes para una respuesta que no llegará tan fácilmente. En verdad, las empresas no están preparadas aún para lidiar con una dimensión desconocida dentro de la Responsabilidad Social (RS): la creación de ciudadanía. Quizá sea demasiado prematuro pedirles que asuman y declaren principios asociados, por ejemplo, a los derechos humanos.
Pero la Responsabilidad Social sí puede construir ciudadanía. Para empezar, debe promover conocimiento acerca de los deberes y derechos fundamentales de las personas, y difundir valores importantes como el respeto, la igualdad y solidaridad. La Responsabilidad Social ayuda a formar mejores ciudadanos que defienden la justicia, aceptan las opiniones contrarios, creen en la condición igualitaria y, sobre todo, en la tolerancia.
Hace algunas semanas, Brendan Eich, cofundador de Mozilla, tuvo que renunciar al cargo de director general de la corporación porque se descubrió que, en el 2008, había apoyado una campaña que prohibía el matrimonio gay en California.
Eich fue linchado en las redes sociales por sus propios trabajadores y por muchos usuarios que no le perdonaron la donación de US$ 1,000 dólares que hizo a dicha campaña. El ejecutivo apenas duró unas semanas en el nuevo cargo.
Curiosamente, su renuncia generó debate en torno a dos temas: 1) la libre expresión que pueden tener los altos ejecutivos de una empresa, y 2) ¿las empresa pueden permitir que sus ejecutivos expresen sus puntos de vista en asuntos políticos? En un artículo para el New York Times, Jonathan Rauch, un miembro del Brookings Institution, calificó la campaña en contra de Eich como intolerante, odiosa y estúpida. “Un puñado de exaltados olvidó que el movimiento de derechos de los homosexuales está luchando por el abrazo de la diversidad y la libertad para todos los americanos (homosexuales y heterosexuales) a vivir públicamente como lo que realmente son”, escribió.
Una buena política de responsabilidad social no puede esquivar la condición igualitaria de las personas y el debate sobre valores asociados al concepto mismo de ciudadanía, es decir respeto de las leyes y los derechos sociales y políticos. Promover y transferir conocimientos alrededor de estos temas fortalece la capacidad de ciudadanos comprometidos con dichos valores. Un trabajador mejor informado actuará reflexivamente y tomará excelentes decisiones sobre causas que agreguen valor a la sociedad y generen cambios culturales, sociales, económicos o políticos. Al fin y al cabo, también son actores sociales.
En el Perú, las empresas no suelen sumarse a causas impulsadas por algún colectivo de la sociedad que tenga que ver con derechos humanos, creencias religiosas, racismo o inclusión de minorías. Sin embargo, tiene herramientas a la mano para transitar por este camino; por ejemplo, la ISO 26000, que incluye acciones en los campos de gobernanza, derechos humanos y prácticas justas; o el Pacto Mundial de Naciones Unidas, cuyos principios tienen que ver con derechos humanos, estándares laborales, medio ambiente y anticorrupción.
Empresas como IBM, Xerox y Disney han avanzado mucho al respecto e, incluso, han formado áreas de ciudadanía corporativa en sus organizaciones.
Sin duda, a la RS aún le queda potencial para desarrollarse en estas líneas de acción. Mientras ello ocurre, quizá convenga averiguar qué piensa su jefe sobre la eventualidad de que se apruebe la ley de unión civil. Su opinión, sin embargo, deberá guardarla bajo llave. Por lo menos, por ahora.