Ocurre muchas veces que las empresas viven conformes con las prácticas que mantienen dentro de sus organizaciones. En el campo laboral, por ejemplo, aplican lo que establece la legislación nacional, y hasta quizás acojan algunos estándares internacionales para administrar sus recursos humanos de forma adecuada. Pero si queremos competir es insuficiente solo cumplir con las normas legales.

¿Es posible ir más allá de lo que las leyes establecen? La respuesta es afirmativa, pues siempre se ha dicho que la Responsabilidad Social (RS) debe ser voluntaria y, por ello, debería estar un paso adelante de lo que manda la ley. Ese carácter voluntario debe estar presente en su naturaleza, en su razón de ser.

Cada vez que llego de visita a un nuevo centro de trabajo, tengo la mala costumbre de indagar si la empresa cuenta con un lactario, aquel espacio digno que las madres deben tener para extraer la leche materna y mantenerla en lugares apropiados hasta llegar a casa. Este requerimiento no fue una iniciativa de las empresas, sino un mandato del Gobierno a través de la Ley 29896, promulgada en el 2012. Las respuestas que encuentro no dejan de sorprenderme pues, a pesar de que han transcurrido dos años, la mayoría de instituciones públicas y privadas no cumplen aún con instalarlos, los tienen a medio terminar o no cuentan con un refrigerador exclusivo. Lo más grave es que, en algunos casos, se trata de empresas que declaran apostar por la RS.

Natura, una empresa de cosméticos localizada en Sao Paulo, es un ejemplo de innovación y buenas prácticas con sus trabajadoras al ofrecerles guarderías gratis para cuidar a sus bebés a pocos metros de donde trabajan. De esta manera, cada cierto tiempo, ellas acuden a estos espacios, dan de lactar a sus hijos y regresan a sus labores habituales. En Brasil, no hay ninguna ley que obligue esta práctica; simplemente, nació de una iniciativa empresarial.

¿Qué clase de relación responsable mantiene con sus clientes que desean reclamar por algún producto o servicio inadecuado? Muchas empresas asumen que es suficiente con tener el famoso libro de reclamos exigido por el Código de Protección al Consumidor. Pero, ¿acaso no es posible explorar otro nivel de comunicación más directo, más personal con los clientes en lugar de un teléfono o un link en la página web? ¿Por qué no poner un rostro a la empresa y atender las consultas del público directamente, responder oportunamente y, de paso, crear vínculos duraderos?

Orange es una compañía de Telecomunicaciones en Francia que ha recibido reconocimientos por mantener una política muy activa de escuchar a sus grupos de interés. La empresa no solo difunde sus impactos sociales y ambientales entre sus clientes, de manera lúdica e interactiva, sino que les pide que responda a la pregunta: “¿Qué esperas de un operador responsable?”, demostrando con ello apertura, interacción y, sobre todo, humildad.

Finalmente, en el campo ambiental también se abre un amplio abanico de oportunidades para promover prácticas voluntarias que minimicen el impacto de las operaciones sin esperar que las leyes lo establezcan. Los programas de ahorro de energía, de agua y reciclaje son ejemplos de actividades sencillas que pueden promover una cultura amigable al medio ambiente.

Las conductas inadecuadas deben ser cambiadas con base a la filosofía de la Responsabilidad Social. De hecho, no es suficiente cumplir la ley para ser considerado una empresa socialmente responsable. En el campo de la RS, se requiere ser creativo, genuino y audaz para no caer en lo obvio; para implementar prácticas que realmente marquen la diferencia.

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