El año pasado, los resultados del Trust Barometer trajo malas noticias para los gerentes generales o CEOs. Según esta encuesta realizada a nivel mundial por Edelman, la confianza en ellos había disminuido de un año para otro, pasando de una aprobación de 30% en el 2012 a 15% en el 2013.

En abril de este año, la misma empresa publicó otro estudio, el Barómetro de la Confianza 2014, destacando, entre otros temas, lo que debían hacer los CEOs para generar confianza. De acuerdo a la investigación, el 86% de encuestados afirmó que el CEO debe comunicar de modo claro y transparente; el 83% indicó que debe decir siempre la verdad, sin importar cuán compleja o impopular sea, mientras que el 76% opinó que debe involucrarse a nivel personal en el apoyo a buenas causas y organizaciones benéficas locales.

Estas cifras reflejan, sin duda, las experiencias negativas de algunas empresas que no actúan de forma correcta en el mercado mundial. Pero también expresan una carencia de valores morales, un aumento de la desconfianza en las organizaciones y una crisis de liderazgo empresarial.

¿Cómo recuperar la confianza perdida? Sin duda, un camino posible es fortalecer la dimensión ética y atarla al concepto de sostenibilidad. La ética debe constituirse en la base de la gestión empresarial.

En verdad, gracias al avance de la Responsabilidad Social, ya existe una articulación entre el medio ambiente y la sostenibilidad. Sin embargo, hoy se requiere asumir una mirada más holística que incluya una buena gestión de valores éticos, pues la  sostenibilidad no solo se alcanzará considerando el tema económico, social y ambiental. Solo así se podrá alcanzar un compromiso con la producción responsable de bienes y servicios, el respeto a los derechos humanos, el establecimiento de políticas anticorrupción, la honradez, el consumo responsable, el compromiso social, la transparencia y, en general, el uso racional de los recursos naturales.

Hablar de ética es hablar de rentabilidad a largo plazo. Por lo tanto, la ética es fundamental para crear una visión de futuro. Una empresa sobrevivirá en el tiempo si tiene bien definido cuál es (y será) su comportamiento ético en el tiempo. Un buen código de ética debe regular la conducta de todos los que forman la empresa, desde los accionistas hasta el trabajador de menor rango. Todos tienen que desarrollar al interior de la organización un “pensamiento ético” uniforme y una corresponsabilidad (accionistas y trabajadores) por los impactos en la sociedad. Si se comparte adecuadamente esa visión se logrará que todos actúen en función de ella, creando de esta manera una cultura empresarial sólida alrededor de principios éticos. Esta cultura, este “modo de actuar”  es lo que da sostenibilidad a una empresa.

¿Para qué sirve la ética?

En principio, para generar confianza de una empresa y sus líderes en la sociedad. Pero también para evitar comportamientos indebidos; para regular conductas ilegales e injustas dentro y fuera de la organización (acoso laboral y hostigamiento sexual); para controlar prácticas de marketing engañoso y actitudes abusivas frente al consumidor; y, en general, para evitar que se transgredan normas de conducta que afecten a la sociedad.

Hoy la ética es tan importante en las empresas, como lo es la tecnología, los nuevos procesos de producción y la RS. La empresa que se comporta éticamente tendrá una mejor cultura empresarial, mejorará su reputación, generará lealtad en el mercado y agregará valor a la sociedad. Como lo señaló alguna vez el Premio  Nobel de Economía, Amartya Sen, “una buena empresa es un bien público, porque genera una serie de bienes de los que disfruta toda la sociedad. Y la meta de la empresa tiene que ver con crear buenas sociedades”.

O como lo afirma el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, (PNUMA): “una sociedad basada en principios éticos mejora la distribución de riqueza, disminuye la exclusión social, la desigualdad, dota a la mayoría de servicios de calidad y desarrolla mejores prácticas sostenibles. El desarrollo sostenible, por lo tanto, no ocurre sin contenido ético y capital social”.

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