El caso del hacker que no deja de airear los secretos íntimos de Sony Pictures.

Enrique Dans, uno de los españoles  que más conoce sobre la influencia de internet y las nuevas tecnologías en las personas, las empresas y la sociedad, acaba de recordarnos uno de los tantos dichos que tenía su abuela: “Ponte siempre ropa interior limpia, porque nunca sabes cuándo y en qué situaciones la vas a tener que mostrar”.

Y esto es, justamente, lo que le está ocurriendo a Sony Pictures, una de las empresas más emblemáticas de la industria del entretenimiento a nivel mundial. Ocurre que, desde finales de noviembre, la transnacional es víctima de un hacker que ha puesto al descubierto una enorme cantidad de correos electrónicos, datos, comunicaciones corporativas y muy personales de los altos ejecutivos y trabajadores.

Pero este ataque informático no pasaría de ser una anécdota más en la larga historia de hackers profesionales que, hurgando en las entrañas de las empresas, ponen al descubierto información privada y privilegiada; en este caso, el asalto ha desnudado prácticas no muy profesionales de una compañía que pertenece a Sony, el gigante tecnológico japonés que, por años, ha sido considerada una de las empresas y marcas más admiradas del mundo.

Las cosas no siempre son como parecen. Y es que no solo se filtraron detalles sobre próximas películas, datos de publicidad, presupuestos de largometrajes, guiones inéditos, contratos con proveedores, salarios de altos ejecutivos y hasta teléfonos privados, como el de Brad Pitt. También se descubrió a una organización desprovista de controles internos y carente de preparación para enfrentar crisis de imagen; se han conocido también expresiones y bromas de racismo, acusaciones de discriminación laboral y sexismo; desigualdades económicas, no solo entre actrices y actores que participaron en la misma película, sino diferencias salariales entre ejecutivos hombres y mujeres que ocupan el mismo cargo; finalmente, también se revelaron actitudes prepotentes para controlar los contenidos filtrados.

A raíz de este incidente se ha conocido, por ejemplo, que en febrero de este año, la vicepresidente legal había advertido a sus jefes de la debilidad del sistema de seguridad informática de la empresa; sin embargo, nadie le hizo caso. Es más, el actor George Clooney dejaba entrever ese riesgo cuando escribió en su twitter: “Ya que nos van a hackear, voy a decir un par de cosas… qué bien nos la vamos a pasar”.

Esta falta de previsión llevó a que sus propios trabajadores y extrabajadores presenten una demanda colectiva contra la empresa por no haber protegido información personal, como sueldos, números de seguro social, claves, etcétera. Es más, los colaboradores se enteraron de la crisis por medios externos.¿Cómo es posible que, en medio de la crisis, los colaboradores decidan criticar públicamente a su empleador en lugar de unirse a su causa? Bueno, es lo que llama ausencia de alineamiento interno.

Pero el alineamiento tampoco lo buscó entre los medios de comunicación, a quienes, de manera prepotente, les exigió que destruyeran toda la información que les había llegado, amenazándolos de las consecuencias legales que enfrentaban si la difundían. ¿Fue la manera más apropiada de acercarse a medios en épocas turbulentas? Si bien es cierto el origen de los datos es ilegitimo, ¿funciona la amenaza de censura? Si bien la empresa despidió a su director de comunicaciones, el daño ya estaba hecho.

Al parecer, Sony ha tenido una relación complicada con la web y en la gestión de sus sistemas de información. Incluso, también se descubrió que planeaba ataques contra Google y la estructura de internet. Como afirma Dans, “hace muchos años que Sony Pictures no solo no lleva la ropa interior limpia, sino que se dedica a afear la que llevamos los demás”.

Si alguna lección sacamos de esta experiencia es que siempre debemos llevar los calzoncillos –o los calzones, según sea el caso– bien limpios, pues uno nunca sabe cuándo puede quedar al descubierto.

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