En algún momento la Responsabilidad Social (RS) tenía que tocar las puertas de la gerencia general. Y, claro, los golpes son más fuertes cuando comienzan a elaborarse los presupuestos anuales.
¿Cuál es el monto adecuado que debe asignarse al componente RS? ¿Cómo destino un presupuesto para llevar adelante los programas de RS y no sean considerados “gastos” para la empresa? Estas son algunas de las preguntas que hoy inquietan a los gerentes y a los directorios encargados de manejar los recursos de las organizaciones.
No obstante, si bien escoger una cifra correcta resulta elemental al momento de definir el presupuesto, más importante es determinar el grado de compromiso que una institución asume respecto a la RS. Esa definición permitirá apreciar este tema como una inversión, en lugar de gasto.
La RS debe ser considerada como una iniciativa más dentro la empresa que mejora los procesos internos y ayuda a una mejor productividad. Pero hay una diferencia: la RS refuerza los aspectos económicos, sociales y ambientales y mira al negocio de una manera más responsable.
Por lo demás, la RS no tiene porqué involucrar grandes montos de dinero. De hecho, hay prácticas que agregan valor económico a la empresa: la implementación de un sistema de gestión ambiental ayuda a tener una producción “limpia”; una adecuada política laboral evita huelgas y costos laborales por conflictos internos; los planes energéticos innovadores conllevan a usar eficientemente la energía en el proceso productivo.
¿Cuánto cuesta elaborar un código de conducta? ¿Cuánto cuesta promover el uso eficiente de las impresoras? ¿Cuánto ahorra una empresa que establece una contabilidad electrónica? Inclusive, podemos contabilizar los ahorros por ausencia de multas o sanciones de reguladores. Todas las buenas prácticas también significan un retorno a las inversiones y no afecta la productividad. Es más, son apreciadas por clientes y consumidores.
Cierto es que hay empresas que ya miden la huella de carbono porque sus ejecutivos viajan menos y se comunican a través de video conferencias. Pero cada empresa determinará su política de RS de acuerdo a sus objetivos empresariales y a sus propias limitaciones. Por ello, antes de pensar en cifras, las empresas deben definir su actitud frente a la RS para luego integrarla a su estrategia, cuantificarla y establecer indicadores de gestión.
La próxima vez que toque la puerta de una gerencia, pregunte: ¿cuánto le cuesta a la empresa no tener implementada una política de RS?