¿Están las organizaciones en el Perú interesadas en conocer el real impacto que generan en la sociedad?
Si bien se puede observar un avance en este interés, lamentablemente, la mayoría de ellas aún no está poniendo el tema en el centro de su estrategia y preocupación, y actúa de espaldas a lo que ya es una tendencia mundial: la incorporación de la responsabilidad social (RS) en su gestión empresarial.
Durante el 2013, por ejemplo, solo 58 empresas grandes obtuvieron el distintivo de Empresa Socialmente Responsable del Perú 2021. La pregunta es qué pasa con el resto.
Por lo general, las compañías todavía desconocen los beneficios que les trae asumir una política seria de Responsabilidad Social. Sus líderes están enfocados en producir y generar resultados de corto plazo para el negocio. Pero también es cierto que aquellas empresas que están interesadas en emprender el camino de la RS no saben qué ruta tomar.
El camino, en verdad, es sencillo. Para empezar, se debe lograr el compromiso del directorio de la empresa y de sus principales ejecutivos. Sin su involucramiento resulta imposible echar a andar cualquier iniciativa. En segundo lugar, se requiere crear y promover una cultura alrededor de la Responsabilidad Social. Asumir un compromiso social, ambiental y, sobre todo, ético.
Es común que las empresas tengan una cultura basada en valores, como el respeto, la integridad, el conocimiento o la competitividad. En este nuevo paradigma, se requiere ir más allá de lo evidente e innovar, pues los cambios son acelerados y las empresas tienen que adecuarse a los nuevos tiempos.
Si es necesario, debe replantearse la misión, visión, principios y valores previamente asumidos y orientarlos hacia la responsabilidad social y la ética empresarial. De hecho, la ética debe convertirse en la base de la Responsabilidad Social y, por consiguiente, el Código de Ética o de Conducta debe reflejar el compromiso explícito que la organización asume alrededor de este tema.
Los enunciados de esta nueva cultura empresarial deben inspirarse, entonces, en los principios de la Responsabilidad Social. Pero, en este objetivo, resulta decisivo que la empresa declare qué entiende por Responsabilidad Social, cuál es el valor que le da y cuáles son las obligaciones que asumen para integrarla a su ADN. Esta definición se convierte en una herramienta poderosa para alinear a toda la organización hacia un solo objetivo empresarial y convertirlo en un elemento diferenciador y atractivo en el mercado.
Luego será más fácil definir y ejecutar acciones en función de los nuevos valores, pero tomando en cuenta también el tamaño de la empresa y su estrategia de negocio.
Pero tan fundamental como crear esta nueva cultura es también comunicarla a todos los integrantes de la empresa, para que la conozcan, la interioricen, la vivan, se apropien de ella, asuman sus propios compromisos y se sientan identificados con las actividades que se deberán realizar en la empresa en el frente interno y externo.
Esto permitirá que se desempeñen como trabajadores socialmente responsables y participen de las diversas actividades que ejecuta la empresa en su comunidad más cercana. Participar de la gestión ética y responsable de la empresa se convierte en el motor secundario de la nave empresarial.
Pero, al mismo tiempo, con el nivel de conocimiento que disponen, nuestros colaboradores pueden convertirse en los principales críticos cuando sienten que la empresa no actúa de acuerdo con los principios que declara.