Se suele caer en el error de examinar a la reputación corporativa desde un enfoque externo. Es decir, preocuparnos más de cómo nos perciben los grupos de interés fuera de la organización en lugar de, primero, echar una mirada a los actores internos.

Y ello ocurre porque, con frecuencia, olvidamos que la reputación corporativa, en cuya base se sustenta la responsabilidad social, debe comenzar a construirse desde el alma de las compañías. Por lo general, los líderes se concentran en obtener la confianza y el reconocimiento de agentes externos, como autoridades, clientes, proveedores, fiscalizadores; y descuidan a su principal activo: sus propios colaboradores.

Por otro lado, los trabajadores ignoran cuál es el aporte directo que tienen sobre la productividad de su compañía. Lamentablemente, los líderes no comparten los planes estratégicos y objetivos anuales de la institución y, mucho menos, los resultados al final del año. Consideran que es información reservada, de conocimiento privilegiado. Tremendo error, pues la única manera de lograr el compromiso con las metas empresariales es que todos conozcan dichos planes para que, desde sus trincheras, aporten en la conquista de los logros, los festejen cuando los obtengan y se sientan orgullosos de ello.

PROMUEVA CONOCIMIENTO Y GENERE CURIOSIDAD

En el terreno de la reputación corporativa conviene comenzar a involucrar a todos en el conocimiento de este importante indicador. Este nuevo enfoque debe considerar el beneficio de promover un conocimiento de interés profesional y laboral que resulte difícil de explicar, entender y medir, pero que tiene un gran impacto en la gestión responsable.

El enemigo principal de una buena reputación interna no está afuera, sino dentro de las paredes. Empleados poco identificados con la cultura corporativa, desmotivados para alcanzar logros y superar retos, incomunicados unos con otros y dispuestos a saltar a las redes sociales para acusar a sus propias compañías, son hoy una amenaza constante a la reputación interna.

Es necesario identificar cuál es la percepción que tienen los equipos de su propia empresa para identificar si hay alguna brecha entre lo que, se supone, son las principales fortalezas institucionales y lo que realmente percibe el público interno. Muchas veces, la reputación no corresponde necesariamente con la realidad.

Y está demostrado que los resultados son mejores cuando los trabajadores tienen percepciones positivas sobre sus propias empresas. Un reciente estudio de Gallup reveló que una reputación interna favorable mejora hasta 50% la productividad de la organización, genera 16% de incremento en las ventas, 33% de beneficios y disminuye hasta en 60% el nivel de ausentismo.

Conseguir esa reputación interna significa también un gran esfuerzo por manejar las expectativas internas. La consultora Villafañe y Asociados concluyó que, en términos de reputación interna, los factores que más valoran los empleados son: relación con los mandos inmediatos, calidad laboral, condiciones de trabajo, reputación interna de la alta dirección, valores éticos, imagen externa e identidad con el proyecto empresarial. Podríamos agregar otros temas críticos como salud y seguridad ocupacional, capacitación, equilibrio entre trabajo y familia, igualdad de géneros y herramientas para alcanzar metas individuales.

La mayor aspiración que debe tener cualquier empresa es que sus miembros sientan admiración, que exista empatía y buena relación. Esto crea integridad, sentido de pertenencia, participación en los triunfos, además de una armonización de los compromisos personales con los corporativos. De esa manera, cada trabajador aportará en la construcción de una buena imagen.

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